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Jenaro Martínez

Jenaro Martínez

Escritor mexicano de ciencia ficción y autor de la saga de Invasión silenciosa.

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¿Escribes? Aprende nuevas herramientas con los talleres que voy a impartir

¿Escribes? Aprende nuevas herramientas con los talleres que voy a impartir

Jenaro Martinez · January 18, 2016 ·

Esta semana inicia el primero de una serie de talleres que estaré impartiendo en la Fábrica Literaria de Felipe Montes, en donde estaré explicando a detalle cómo utilizar la tecnología en nuestra carrera como escritores.
Después del éxito que tuvimos con el primer taller en noviembre, decidimos dividir los temas y hacer cuatro talleres individuales, para poder dedicar una sesión entera entrando al detalle e incluso hacerlo práctico, no sólo teórico.
Estos son los cuatro talleres:

  1. Aplicaciones para Escritores: Evernote, Dropbox y más
  2. Aplicaciones para Escritores: Curso Básico de Scrivener
  3. Cómo crear tu blog
  4. Cómo publicar tu eBook

El primer taller se hará el Jueves 21 de Enero a las 6.30pm, y estaremos viendo cómo utilizar Evernote, una de las herramientas más valiosas para escribir y organizar todas tus ideas, cuentos, capítulos y hasta la novela entera. Además, es excelente para guardar toda la información que puedas encontrar en Internet para investigar a fondo tus temas. También explicaré cómo utilizar Dropbox para almacenar y proteger tu trabajo, y evitar tragedias por robo, accidente o cosas peores. Más información de este taller aquí.
El segundo taller se hará el Jueves 28 de Enero y será un curso básico de Scrivener, el procesador de palabras especializado para escritores. Olvídate del Word, y aprende a utilizar esta aplicación muy completa diseñada para soportar todo el proceso de un autor para escribir, desarrollar, formatear, diseñar y publicar tu obra. Muchos autores profesionales en el mundo la utilizan para escribir sus bestsellers.
El tercer taller se realizará el Jueves 4 de Febrero y en él explicaré todos los pasos que necesitas dar para publicar un blog. Desde registrar tu dominio, contratar un servicio de hosting, cómo utilizar WordPress, instar temas y empezar a publicar entradas en tu blog. No te puedes perder de aprender cómo construir tu plataforma de seguidores.
Y por último, el Jueves 11 de Febrero haremos el cuarto taller en el que aprenderás cómo publicar un eBook en Amazon Kindle. Esta es la nueva era de la industria que está llegando a México, y que ha sido toda una revolución en el resto del mundo.
Si uno de estos talleres te interesa, ponte en contacto con la Fábrica Literaria y separa tu lugar. También puedes dejarme un comentario abajo de este post si así lo prefieres.
Espero verte ahí.

Escribir me es emocionante, pero no es una tarea fácil

Jenaro Martinez · January 17, 2016 ·

Escribir una novela es más difícil de lo que imaginaba. Y no hablo solo de escribir las palabras, sino de estructurarla en una narrativa que haga sentido y que tenga escenas cautivadoras en los momentos precisos de la historia. Que tenga personajes multidimensionales, conflicto y tensión. Que sea una novela digna de ser publicada y leída por mucha gente.
Llevo poco más de un año de haber empezado a escribir mi primer novela de ciencia ficción, y me siento contento, emocionado por mi historia. Y qué bueno que al menos lo estoy, porque si no me apasionara el concepto de mi novela, los personajes y el conflicto, pues menos a los lectores. La emoción que me provoca cada vez que resuelvo algo que me tiene atorado en mi historia, es lo que me hace seguir escribiendo.
Quiero avanzar más rápido y me frustro cuando no puedo escribir. Hay días que las palabras salen fácil y otros días en que no escribo ni una sola. Ingenuamente, empecé exigiéndome escribir frases perfectas, diálogos inolvidables, escenas impactantes. Luego descubrí que una novela publicada es el producto de incontables revisiones y retrabajo. La novela no se escribe perfecta a la primera, sino que va tomando forma a lo largo de un proceso circular de escribir, revisar, mejorar.
Me llamó mucho la atención un post que George R.R. Martin escribió en su blog. Martin es el autor de Game of Thrones y está en el proceso de publicar el sexto libro de la saga. Sus libros tienen decenas y decenas de personajes con historias complejas entrelazadas, y le toma años escribir cada uno. El mundo esperaba que su sexto libro saliera publicado en el 2015 o a principios del 2016, al menos, antes de que la sexta temporada de esta serie en la TV saliera en HBO. Y hace unos días confesó que no está listo, que no ha podido terminar de escribir la novela y con la pena más grande, pidió que lo entendieran y lo esperaran. Aún y cuando la serie en HBO saldrá en abril y empezará a entrar en terrenos nuevos, quizá tomando un curso distinto a sus novelas.
Esto hizo ponerme en contexto y a no recriminarme cada vez que no avanzo con mi historia. Ese sentimiento de frustración que siento cuando no puedo escribir, cuando estoy frente a la computadora y no sale ni una palabra, es lo que tengo que aprender a dejar ir y enfocar mi me mente para que la historia se construya a su propio ritmo. No debería importarme cuánto tarde en lograrlo, más bien debería trabajar en moldear mi forma de escribir para que en el futuro pueda fluir mejor.
Sin embargo, tengo una meta. Publicar mi novela en este año 2016 y presentarla en la Feria del Libro en el mes de octubre. Eso quiere decir que el manuscrito deberé terminarlo en este semestre, para que se esté editando en el verano y pueda estar listo para su publicación antes del otoño. Parece que tengo todo el tiempo del mundo, pero ya vi que el 2015 se me fue muy rápido. Hoy me siento optimista, pues empecé el año con días de muchos pequeños logros en mi historia.

15 lecciones de Stephen King para ser un mejor escritor

Jenaro Martinez · December 1, 2015 ·

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Hace un año leí el excelente libro de Stephen King, On Writing. En él, King nos describe su proceso para escribir sus historias y novelas, junto con algunas memorias de su vida. El libro es altamente recomendable, pero si tienen la oportunidad de escuchar el audiolibro, es genial pues está narrado por él mismo.
Te comparto esta lista que hice de las principales lecciones que nos presenta en su libro.

  1. Deja de ver tanta televisión. Lee todo lo que puedas y, mejor aún, de temas variados. Un buen escritor es un ávido lector.
  2. Prepárate para aguantar el fracaso y la mayor crítica que puedas imaginar. Habrá muchas oportunidades para dudar de ti mismo. Y no sólo tú dudarás de tu capacidad de escribir, sino que otras personas dudarán de ti y criticarán tu trabajo. King dice que detener un trabajo en proceso solo porque es difícil, ya sea emocionalmente o imaginativamente es una mala idea. El optimismo es la mejor respuesta ante el fracaso.
  3. No pierdas el tiempo en tratar de complacer a la gente. Sé sincero contigo mismo al escribir.
  4. Escribe para ti. Escribe porque te hace feliz hacerlo.
  5. Cuando escribas, desconéctate del mundo. Corta el internet, cierra el Facebook o Twitter, apaga tu teléfono. King aconseja, “Escribe con la puerta cerrada; re-escribe con la puerta abierta.”
  6. Evita adverbios y párrafos largos. Regla de oro, King odia los adverbios. Y no te quedes atrapado en la gramática, para eso hay editores. Enfócate en contar una historia.
  7. Domina el arte de la descripción. Usa imágenes frescas y vocabulario simple para no cansar a tu lector. Usualmente, cuando un lector se aburre es porque el autor abusó de las descripciones haciéndolas como su prioridad, en lugar de avanzar con la historia.
  8. No necesitas drogas para ser un buen escritor. La idea de que para escribir bien hay que hacerlo borracho o con la ayuda de ciertas sustancias es un mito. La inspiración te llega si te sientas a escribir.
  9. No trates de imitar la voz de otro escritor. Es inevitable que cuando lees mucho a cierto autor, algo de ella se te puede quedar. Un escritor novel tardará tiempo en encontrar su voz, pero trata de no copiar la voz de otro autor, pues terminará siendo una imitación.
  10. Toma tu escritura en serio. Puedes acercarte a tu escritura emocionado, esperanzado, nervioso o desesperado. Escribe como tú quieras, pero no te lo tomes a la ligera.
  11. Escribe todos los días. King tiene como objetivo escribir 3,000 palabras al día, sin excepción, no importa que sea su cumpleaños, navidad o año nuevo. Recomienda que escribas 1,500 palabras, o si no, 1000, o 500, pero escribe aunque sean dos renglones.
  12. Termina tu primer draft en tres meses. King escribe orgánicamente, dada su gran experiencia, escribe como la historia se le va ocurriendo y como los personajes van diciendo.
  13. Cuando termines tu primer draft, toma una buena pausa. Recomienda dejar pasar al menos un mes para revisar el draft. Así verás la historia con una mente fresca y más crítica.
  14. Ten las agallas para cortar. No importa que sea tu escena favorita. Si la escena no avanza la historia, córtala.
  15. Permanece casado, mantén tu tu salud, y vive la buena vida. Balance ante todo, no seas un recluso, disfruta tu vida y vívela completa.

 
Compra el libro en Amazon México:  Stephen King – On Writing
Compra el libro en Amazon USA:  Stephen King – On Writing
Compra el audiolibro en Audible: Stephen King – On Writing
 

Taller de Marketing y Tecnología para Escritores

Jenaro Martinez · November 17, 2015 ·

Hoy estaré impartiendo un taller en la Fábrica Literaria sobre tecnología y estrategias de mercadotecnia para escritores. Está dirigido a todos los autores que quieran conocer cómo crear su propio blog con estrategias para construir audiencias. En el taller conocerás las herramientas para crear y administrar un blog y un newsletter de correo electrónico.
Taller de Marketing y Tecnología para Escritores
También hablaré mucho de aplicaciones tecnológicas que puedes utilizar para escribir tu libro, como Evernote, Scrivener, Dropbox. Hablaré también sobre la autopublicación en tiendas como Amazon Kindle y lo sencillo que es hacerlo.
Este es un primer taller de una sola sesión, pero estoy planeando que en Enero 2016 pueda hacer otro taller con tres o cuatro sesiones para poder entrar a mayor detalle con demostraciones, y ayudarte a que instales las aplicaciones y arranques tu blog.
Si estás interesado, envíame un correo para apuntarte para la sesión de Enero.

La Mancha

Jenaro Martinez · October 27, 2015 ·

La Mancha es una historia que nació en uno de los talleres de Felipe Montes en su Fábrica Literaria. Felipe lanza una idea a la mesa y con esa chispa nacen historias frente a todos. Cada quien escribe durante media hora o a veces un poco más, y el resultado son mútiples historias, muy diferentes cada una, pero todas impulsadas por una pequeña idea.

En esta ocasión, la chispa fue así de simple: escribir sobre un personaje hablando con un objeto. Fue una de las tareas que encargó al final de una sesión y la escribí un domingo en la mañana. Aunque mi pasión es escribir ciencia ficción, en ocasiones me brotan estas historias de horror o misterio, consecuencia de haber leído tanto a Stephen King y a Dean Koontz cuando era estudiante. Recuerdo muy bien que cuando escribí esta historia hace varios meses, me invadió la ansiedad y el terror que siente el personaje, y me sorprendió muchísimo, porque nunca había sentido algo así al escribir.

Si te gustan mis historias, suscríbete a mi newsletter porque estaré publicando una historia nueva cada dos semanas. La anterior fue Todos Somos Artistas, y se desarrolla en un futuro no muy lejano, no muy ajeno.

Una gota gorda de sudor rodaba entre sus cejas, bajando por un lado de su nariz. “Estoy bien, estoy bien, estoy bien. Hoy es un buen día, sí, sí, sí,” susurraba Héctor para si mismo, sentado en la orilla de su cama. El colchón era delgado, las sábanas ásperas, y el catre rechinaba con hasta el más pequeño de los movimientos. Sus manos las tenía cerca de su boca, sus dedos alternándolos muy rápido, tocándose unos a otros.

Dándose cuenta que su pierna derecha estaba temblando, Héctor respiró profundo tres veces. Logró que su pierna se quedara quieta, pero se levantó rápido susurrando, “sí, sí, sí.”

Caminó hacia la pared, y regresó a su cama. Tres veces caminó ida y vuelta para calmar la ansiedad que cada mañana lo consume. El desayuno ya estaba servido, así que tomó la charola y la puso en su mesa. La silla estaba fría, el metal podía sentirlo en sus piernas, atravesando su delgado pantalón.

Sin percibirla, su pierna derecha empezó a temblar de nuevo. El desayuno era el de siempre, y eso estaba bien. Héctor prefería la rutina, el cambio lo ponía nervioso. El cambio le hacía perder el control.

“No, no, no. No quiero pensar en eso,” se decía.

La avena con pasas, hinchadas por el agua, estaba tibia. Unos minutos más y estaría fría. Su sabor había quedado en el olvido de tantas veces de haberla comido, pero así le gustaba a Héctor. Tres cucharadas de avena a la boca, y luego un respiro. De nuevo, tres cucharadas seguidas de otro respiro. Parecía que las cosas iban a estar mejor.

“Sí, sí, sí. Hoy será un buen día, es miércoles, y los miércoles no hay visitas,” dijo en voz baja.

No te preocupes por mañana, sólo piensa en el día de hoy, recordaba Héctor esas palabras en su mente, repitiéndolas como un mantra. Estaba casi terminando su desayuno, y hasta el momento todo iba por buen camino. En la segunda cucharada sintió un dolor punzante en una de sus muelas y escuchó un sonido resquebrajante.

Héctor soltó un grito de dolor, de sorpresa y de angustia. Aventó la cuchara sobre la mesa y sus dos piernas empezaron a temblar. Su corazón palpitaba más fuerte y lo primero que pensó fue en la tercer cucharada que no tomó.

Un sabor a tierra invadió su boca y escupió la comida sobre el plato. Con sus dedos limpió su lengua y debajo de ella sacó un pequeño pedazo de piedra quebrada.

“No, no, no,” repetía Héctor en voz cada vez más alta. Dio una patada a la mesa y corrió a su cama, se sentó en la esquina contra la pared y abrazó sus piernas. Escondiendo su cabeza entre sus rodillas trató de no pensar.

Pero por su mente pasaban esas imágenes, como una secuencia de fotografías que aparecían por fracciones de segundos. Caras, manos, sangre. Las imágenes le traían recuerdos sonoros, de jadeos, gritos y gemidos. Trozos de tela rota, finos cabellos rizados en su puño, una hoja afilada de navaja, gotas de sangre escurriendo de ella. Hasta podía percibir una sorda sensación de rasguños, codos y rodillas golpeando su cuerpo.

“No, no, no,” gritaba Héctor, si continuaba con sus ojos cerrados iba a seguir viendo las fotografías, oliendo los recuerdos y saboreando esa dulce resistencia de la vida.

Sin soltar sus piernas levantó la cabeza y abriendo sus ojos miró hacia la otra esquina, en donde las dos paredes y el techo se intersectan, formando tres líneas uniéndose en un sólo punto.

Sintió un repentino alivio al ver que no había nada ahí, así que parpadeó tres veces y trató de respirar profundo. Volteó de nuevo la mirada a la esquina y ahí estaba ella, la mancha oscura.

Su corazón se fue al suelo, su estómago estalló con ardor, y recordó el dolor en su muela.

“No, no, no!” volvió a gritar. “¿Qué quieres ahora? ¡Déjame en paz!”

Héctor parecía estar hipnotizado por la mancha en la esquina, no podía dejar de verla. La oscuridad tenía vida, su forma cambiaba como cambian las nubes cuando se observan por más de unos cuantos segundos.

A Héctor no le gusta que cambie de forma, verla así le hacía sentir ansiedad, pánico, paranoia, miedo. Cerró sus ojos y las fotografías aún estaban ahí, decenas de ellas pasando unas tras otras. No sabía qué era peor, cerrar sus ojos o mantenerlos abiertos.

Prefirió abrirlos y sin poderlo evitar volteó a ver la oscuridad en la esquina, y se dio cuenta que seguía moviéndose, creciendo segundo a segundo. Era irresistible la atracción, Héctor estaba seguro de que la sombra lo observaba a él. Escuchaba sus murmullos, sus susurros. Escuchaba las voces que salían de ella.

“No, no, ¡no!” tapó sus oídos con sus manos pero los susurros seguían escuchándose. Volvió a abrazar sus piernas y con todas sus fuerzas se echó hacia atrás y se pegó lo más posible a las dos paredes detrás de su espalda.

De la oscuridad en la esquina, cayeron las fotografías. Las podía ver tiradas en el suelo frente a su cama, caras, manos, sangre. Sus manos le dolían, las apretaba fuerte y las volvía a soltar.

“Déjame en paz, aquí estoy seguro. Sí, sí, sí, aquí estoy a salvo, aquí estoy a salvo.”

La sombra tomó una forma humana, y Héctor la vio caminar de espaldas hacia él y gritando le dijo, “Esto no es real, esto no es real, tú no eres real.”

Cerró sus ojos y junto con su quijada los apretó para no volverlos a abrir jamás.

“Mmm, mmm, mmm,” sonaba un tarareo a su izquierda. Su corazón se detuvo por unos segundos, en todos estos años no había vuelto a escuchar ese sonido.

“Mmm, mmm, mmm,” continuaba el tarareo.

Sucumbiendo al terrible recuerdo, Hector levantó su cabeza y trató de decir temblando, “¿Mam… Mam… Mamá?” Batalló para decirla, pero con sudor en su frente pudo terminar la palabra.

Estaba ella agachada acomodando algo en una silla, tarareando esa canción. Se movió dejando la silla descubierta, y sobre ella estaba Martita, sentada inmóvil y con la boca entreabierta, el cabello mal peinado. De la esquina oscura, se alcanzaba a escuchar un suave zumbido. Poco a poco fue creciendo, y de la oscuridad salieron cientos de moscas que volaban hacia la niña.

El sonido de los diminutos insectos se volvió ensordecedor y éstos rodeaban ya el cuerpo entero de su hermanita. El olor a putrefa
cción llenó sus sentidos, de la boca de Martita vio salir una larva y con ello Héctor le gritó a la sombra, que flotaba con la forma de su madre, moviéndose con vida propia.

“Yo sólo quería jugar con ella.”

La sombra terrible de su madre volteó su cara para verlo, con un movimiento súbito se le acercó, lo miró con unos ojos que le giraban sin control, y con un aliento bochornoso le dijo, “Hijo, todo está bien, todo está bien, todo está bien.”

“Mira a tu hermana, qué hermosa está. Mi niña preciosa, todo está bien, todo está bien, todo está bien.”

Héctor tomó su tiempo, respiró tres veces y giró su mirada para atreverse a ver a su hermana. Martita seguía sentada ahí con la boca entreabierta. De pronto, la niña volteó su cabeza hacia él, abrió sus ojos que eran como canicas, unas bolas negras, secas y opacas, y de su boca salieron miles de moscas llenando de oscuridad la celda.

Héctor empezó a sacudirse, tratando de borrar de su mente los tres días que su madre tuvo a su hermanita, tiesa, hinchada y pestilente, sentada en su mesita hace tantos años. Ahora estaban de nuevo frente a él, traídas por esa mancha, sinuosa y engañosa. Héctor rasgó su camisa, clavó sus uñas en su cara, se arrancó algunos cabellos, y las sacudidas eran violentas.

Por el monitor de la celda 131, el sargento Rodríguez veía a Héctor gritarle a la esquina en el techo, abrazando sus piernas, temblando tan fuerte que parecía estar convulsionando.

“Ya le he dicho que tenemos que limpiar esa mancha, doctor. No veo cómo es que eso le ayude a mejorar su condición. Cada vez lo veo peor.”

“Al contrario sargento, la mancha es terapéutica. Es un mecanismo para no sólo enfrentar la realidad de sus actos, todas esas muertes inocentes, sino para acercarlo a la raíz de sus miedos, al origen de su comportamiento.”

El sargento exasperado, chistó con su boca, le dio la espalda al psiquiatra y caminando hacia la puerta volteó a ver una vez más al reo.

“Tenga paciencia sargento, hoy hemos logrado un avance importante. ¿Lo escuchó? Es la primera vez que menciona a su madre. Esto puede una señal de que-” el psiquiatra fue interrumpido por un alarido enloquecedor de su paciente.

Héctor parecía estarse elevando del suelo, y aunque el doctor no podía asegurar si sus pies tocaban el piso, se estremeció al ver el cuerpo arqueado tan atrás, que le levantaba el pecho a una altura imposible. Las venas en su cuello se le engrosaron a punto de estallar y el ensordecedor chillido le rasgaba su garganta.

El doctor y el sargento Rodríguez sintieron una onda gélida invadir sus cuerpos en el momento en que las luces parpadearon y se apagaron, quedando en total en penumbra. Segundos después, regresó la energía y la celda se iluminó, regresando todo a la normalidad. Rodríguez dio un paso hacia atrás, el doctor soltó un apenas perceptible gemido, cuando ambos volvieron a ver a Héctor sentado en su mesa, comiendo avena con pasas.

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